Buen día veci… aquí en Chugchilán, el viento sopla fuerte y a veces la soledad perjudica más que el frío. Por mucho tiempo, nosotros en Guayama San Pedro nos sentíamos como esos árboles secos del cerro: olvidados. Pero hace unos años, empezaron a llegar unos buses llenos de guambras con mochilas. Dicen que vienen de la PUCE, allá en la capital.
Al principio, uno piensa que vienen solo a mirar el paisaje, pero no. Traen unos estetoscopios colgados, cámaras, camillas y unas ganas de ayudar que calientan el pecho. Las escuelitas de mis hijos y nietos se vuelven hospitales, cocinas y dormitorios. Ahí me revisan los huesos, me explican qué comer para mejorar mi salud y, lo más importante, nos educan para oficios como la agricultura, emprendimiento, turismo, entre otras actividades.
Desde el 2022, se han puesto firmes con los niños. Usted sabe, aquí la comida a veces falta o la agricultura no está a nuestro favor, y los niños están flacos flacos flacos.
Pero saber ¿Qué es lo que más me gusta? Que no vienen un domingo y se olvidan. Ellos tienen un trato con el GAD de la parroquia. Vienen y vuelven. Dicen que su modelo se llama Aprendizaje-Servicio. Yo no entiendo mucho de palabras técnicas, pero lo que veo es que esos ingenieros, psicólogos y comunicadores aprenden de nuestra tierra mientras nos dan una mano. Eso que llaman ‘PUCE Solidaria‘… para nosotros es, simplemente, aprendizaje y esperanza.
A veces me quedo mirando cómo trabajan juntos: el que sabe de computadoras con la que sabe de sociología. Todos mezclados por el bien de la comunidad y el suyo como estudiantes. La comunidad se ha visto beneficiada por esta labor, por es hoy te contamos el labor social que hace la PUCE en Chugchilán.

