La Gratitud como la Mejor Retribución Médica

La Gratitud como la Mejor Retribución Médica

Soy Gabriel Montenegro, estudiante de medicina y a menudo, concebimos las vacaciones como un tiempo exclusivo para el descanso personal y la desconexión. Sin embargo, mi perspectiva cambió radicalmente tras decidir invertir ese tiempo en un voluntariado médico. Me uní a una organización con una misión clara y vital: llevar especialidades médicas, consultas y cirugías gratuitas a comunidades que, por barreras económicas, no tienen acceso a una salud digna.

Durante mi estancia, roté principalmente en el área de Traumatología. Las jornadas eran exhaustivas, atendiendo a un promedio de 50 a 70 pacientes diarios. La realidad en estas zonas es dura; muchas personas viven con dolor crónico o discapacidades tratables simplemente porque no pueden costear una consulta privada ni los medicamentos básicos. Ver cómo los pacientes recibían su diagnóstico y su medicación sin tener que abrir la cartera fue, en sí mismo, un alivio compartido. Pero hubo un caso particular que definió toda mi experiencia y que llevo grabado en la memoria.

Atendimos a un paciente en una situación crítica que requería la amputación de un miembro inferior. En el sistema de salud convencional, o en el sector privado, este procedimiento, sumado a la necesidad posterior de una prótesis, representa un costo exorbitante, absolutamente inalcanzable para una persona de escasos recursos. El destino de este paciente, sin la intervención de la organización, habría sido el abandono terapéutico y el sufrimiento.

Gracias al voluntariado, no solo se le realizó la cirugía necesaria para salvar su integridad, sino que se gestionó el proceso para su prótesis. Lo que más me impactó no fue la complejidad técnica del procedimiento, sino la reacción humana. Al final, pude ver en su rostro una mezcla de alivio y felicidad pura. Era la mirada de alguien que había recuperado la esperanza cuando creía que todo estaba perdido.

Esa experiencia me enseñó que la gratitud genuina no tiene precio. Ver la felicidad en los ojos de alguien a quien has ayudado a tener una segunda oportunidad es lo más preciado que un profesional de la salud puede recibir; llena el alma mucho más que cualquier retribución económica. Por ello, exhorto a todos a realizar un voluntariado al menos una vez en la vida. No solo cambias la vida de los pacientes, sino que, inevitablemente, transformas la tuya para siempre.

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