Bienvenidos a la tierra donde el viento canta

¡Hola, mucho gusto! Pase adelante, no se quede ahí afuera que el viento del páramo no perdona. Yo soy Don Francisco. Aquí en mi casa siempre hay pan y un café listo para quien llega cansado del viaje. 

Muchos dicen que Chugchilán está lejos, pero yo digo que está justo donde el cielo se junta con la tierra.  Mire, le cuento mientras le sirvo un pan de la casa. Yo antes era albañil en Quito, pero un accidente trabajando allá me quitó la vista de un ojito. Por eso regresé a mi tierra; ahora horneo pan y recibo con gusto a los turistas que vienen a buscar paz en mi casa. 

Aquí el frío cala los huesos, es verdad, pero nuestra gente es de fuego y siempre tiene los brazos abiertos.  Ahora que ya sabe dónde estamos, quédese un rato más, que la historia de cómo la universidad nos ayuda apenas comienza.