Un legado que trasciende generaciones

Un legado que trasciende generaciones

En mi vida, la solidaridad siempre ha sido un valor fundamental, sembrado en mi hogar desde generaciones atrás: mi bisabuela, mis abuelos y, especialmente, mi madre. Crecer con ese ejemplo marcó mi forma de ver el mundo. Además, haber sido criada en la ruralidad me permitió desarrollar una sensibilidad distinta; al llegar a la ciudad y enfrentar una realidad ajena a la que conocía, sentí un impulso aún mayor por ayudar, no solo de manera momentánea, sino llevando acciones que trasciendan y permanezcan en la memoria colectiva de las comunidades.

A lo largo de este camino he apoyado diversas causas, pero desde mi posición como reina en 2025 tuve la oportunidad de colaborar con un orfanato que no cuenta con donaciones constantes para su sustento. Más allá de visibilizar su realidad y aportar dentro de mis posibilidades, lo que más me marcó fue la sonrisa y el agradecimiento sincero de las hermanas franciscanas que me recibieron. Con cierto temor aceptaron compartir su historia, pues el cuidado y la alimentación de los niños dependen únicamente de su esfuerzo, sin respaldo de la Iglesia ni apoyo gubernamental.

Desde el ámbito de mi carrera, siempre he tenido claro mi compromiso con mi cantón, Píllaro. El acceso a la salud es limitado, no solo por la ubicación geográfica, sino también por las condiciones socioeconómicas de muchas familias pillareñas. Por esta razón, implementé talleres preventivos y de atención en emergencias dirigidos a adultos mayores, especialmente en dos parroquias alejadas del casco cantonal: Baquerizo Moreno y Emilio María Terán. Mi labor se centró en controles metabólicos y seguimiento de enfermedades crónicas.

Los adultos mayores tienen magia en la mirada, vida en sus historias y una paz indescriptible en cada abrazo. Recuerdo cada nombre, cada rostro y cada encuentro. Aunque llegué con la intención de ayudar, fueron ellos quienes me enseñaron profundamente. No existen palabras ni acciones suficientes para expresar el agradecimiento y el amor que siento por cada uno de ellos.

Esto va más allá de la obra social. Es una experiencia de vida que te transforma, que te orienta a ser un ser humano más íntegro y pleno, y que deja el corazón colmado de amor y recuerdos que no tienen precio.

Con aprecio,
Emilia Salomé Narváez Báez
Nuestra Belleza Turismo Ecuador-Reina del folklore Tungurahua 

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